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Salvador, un infierno de 438 días

Hoy comentaré el libro SALVADOR, la odisea de resistencia que vivió el náufrago Salvador Alvarenga en el océano.

Sin duda, recomiendo su lectura, es intensa y absorbente.

El periodista de investigación estadounidense Jonathan Franklin

narra en detalle esta fascinante historia de ingenio y brutal determinación de un náufrago por sobrevivir 438 días a la deriva.

Un día gris de noviembre del 2012, Salvador y Ezequiel salieron a la mar, con aviso de tormenta, a pescar tiburones en un bote sin cubierta de apenas 6 metros de eslora.

Les alcanzó el temporal lejos de la costa y durante el duro regreso les falló el motor imposibilitando su vuelta a tierra.

El 30 de enero del 2014, con la barba poblada, sin apenas poder hablar ni andar Salvador llegó a las Islas Marshall, recorriendo a la deriva más de 7000 millas náuticas.

¿Cómo se puede sobrevivir catorce meses, sin ayuda, en alta mar?

Para sobrevivir hace falta disciplina, preparación y fe.

Salvador creía en la Santa Muerte, pero la fe en Dios la adquirió a través de su compañero Ezequiel.

Ezequiel murió debilitado al no ser capaz de ingerir aves crudas después que se intoxicará con una.

¿Cómo se alimentaban?

Salvador y Ezequiel comían lo que lograban pescar o cazar. Pescaban los peces que se acercaban más de la cuenta al bote, consumían los percebes incrustados en el casco.

Atrapaban las aves que paraban a descansar a cubierta usando la técnica del gato. Esta técnica consiste en esperar quieto el tiempo que haga falta y asaltar al pájaro de manera repentina.

Salvador no le hacía ascos a nada, llegó a comer uñas, sus propios pelos, medusas y basuras que encontraban flotando por el océano.

Sospechan que se alimentó de su compañero una vez fallecido. Él lo niega, yo le creo.

Bebía agua de la lluvia, gotas del rocío, sangre de tortuga e incluso su propia orina.

¿Cómo se entretenía?

El aburrimiento es un estado emocional que no ayuda en la supervivencia.

Para entretenerse, utilizaba la imaginación creando fantasías. Se imaginaba escenarios de manjares, fiestas y otros placeres.

Las tareas de aprovisionamiento también ayudan al entretenimiento ya que agudizan el ingenio.

Salvador también hablaba con las aves vivas capturadas, e incluso, llegó a jugar a pelota con ellas.

Alucinaciones

Es frecuente confundir la realidad de la fantasía, esto se debe al cansancio, la falta de alimentos y la deshidratación. Al no tener a nadie con quien contrastar la realidad de la fantasía se hace más complicado discernir.

Salvador estuvo a punto de saltar dentro de la boca de una ballena para escapar del bote.

No era consiente si era sueño o realidad el avistamiento de algunos cargueros.

Autor: Jordi Mateu profesor de Yacht Point y de la Facultad de Náutica

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