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¿Y para qué quiero un tangón si no tengo spinakker?

¿Me puede ser útil un tangón en mi barco de vela sin spinnaker?

La respuesta es un rotundo sí: conseguiremos estabilizar la embarcación y con la estabilidad llega la comodidad y la seguridad.

Al navegar a un largo y largar el génova para darle una buena bolsa la escota no puede trabajar eficientemente al no estar el carro del génova lo suficientemente fuera (nos limita la manga del casco). Ello provoca que la baluma, en su parte superior, flamee constantemente, haciendo la vela muy inestable. Ello se traduce en una embarcación en eterno balanceo, incómoda y difícil de gobernar. La solución más sencilla es entagonar la escota del génova para poder llevar el ángulo de tiro hacia fuera del casco y hacia abajo, mejorando la tracción vertical de la escota y por tanto cerrando la baluma en su parte superior. Y cómo por arte de magia, el balanceo desaparece y la embarcación  se vuelve mucho más dócil y rápida.

Sin embargo, tener el tangón trabajando para muchos patrones supone una fuente de estrés. El simple hecho de tener que orzar a un barco en una situación de cruce y tener que desmontar toda la maniobra les llena de nerviosismo. En efecto, desmontar la maniobra de manera inmediata puede ser complicado. La cuestión es que no hay necesidad de desmontar nada: nos bastará con una segunda escota (que no estará entangonada) y una braza que trabaje directamente sobre el tangón.

Si nos encontramos en una situación en la que debemos cambiar el rumbo, nos bastará con cazar la segunda escota (la que no esta a través del tangón) y dejar la primera escota en banda. Podremos utilizar el génova con total libertad. El tangón quedará suspendido mansamente al aire gracias al trabajo del amantillo, contra y braza. Es decir, que si tenemos la maniobra bien montada, el caos que suponíamos se convierte en una sencilla situación donde debemos largar una escota y cazar la otra. Una vez acabada la maniobra de cruce, si queremos volver a rumbo tan solo deberemos largar la escota que no va a través del tangón y temblar la entagonada. Ya estamos a un largo otra vez sin el menor problema. Además, si tenemos un génova enrollable, con el sistema de doble escota podemos enrollar y desenrollar la vela a voluntad sin el menor problema. Y gracias al tangón también, en caso de que suba mucho el viento, podremos tensar al máximo la baluma y el pujamen consiguiendo una vela totalmente plana que reducirá el exceso de potencia, aumentando por tanto la estabilidad y la seguridad. Tampoco nos molestaría en el caso de un hombre al agua.

No es menor la importancia del tangón cuando navegamos de popa cerrada. El tangón bien trincado a una banda sujetando al génova y la mayor al otro con una retenida en la botavara nos dará una calma infinita al navegar a orejas de burro y haciendo de nuestra travesía a sotavento más corta y confortable.

Como siempre es recomendable probar esta maniobra en puerto, amarrado, antes de hacerlo en la mar. Bastará con encontrar una buena posición (con viento a popa del través) en la propia marina donde amarrar y tomarse su tiempo para comprobar la necesidad de añadir poleas y pastecas para evitar roces indeseados y poder adelantar posibles problemas en los reenvios de los cabos.

 

Dani Cavanilles

Chief instructor RYA training centre. 

 

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